INTERNACIONALES
Intereses cruzados
Un ajedrez complicado y sucio
La guerra de 1914 escondía intereses de las viejas potencias imperiales. Los Balcanes son
el
escenario, otra vez, de juegos de guerra donde el enemigo está en otro lado y usará, a
su vez, a
otros contendientes.
Gennaro Carotenuto
La presente fase de la guerra que empezó en los Balcanes hace ocho años está teniendo
derivaciones por lo menos
asombrosas para la política mundial. Y por si aún quedaban dudas, hace rato que quedó
fuera de la categoría de los conflictos
regionales. Uno de los frutos envenenados de los últimos acontecimientos es dejar cada
vez más en las sombras -por más que
sean carne de televisor- a las víctimas de la guerra: los refugiados acosados por las
milicias de Slobodan Milosevic y los
serbios asesinados por los bombarderos de la OTAN. Finalmente marginados, quedan reducidos
a un papel de excusa para
futuros manuales de historia, como el atentado de Gavrilo Princip en 1914 en Sarajevo o el
incidente del golfo de Tonquin en
1950, buen pretexto para la guerra en Corea.
Según la japonesa Sadako Ogata -comisionada de las Naciones Unidas para los refugiados
(ACNUR)-, serían suficientes 11
centavos de dólar por día -algo más de un peso uruguayo- para aliviar los sufrimientos
de los refugiados en cuya defensa
nominalmente se combate. Ogata pidió 143 millones de dólares, mucho menos de una noche
de bombas, y obtuvo 71. Hasta
ahora, el primer donante de acnur es Japón, seguido de cerca por los ciudadanos
italianos.
Para Estados Unidos, donde es importante la difusión de imágenes de los refugiados a
través de los sistemas privados de
televisión pero más todavía la financiación del pertechamiento bélico, la ayuda se
redujo a apenas 8,5 millones de dólares. Pero
es evidente que tan magra contribución está relacionada con un amplio plan de
economías. Por ejemplo, la más importante
central de inteligencia del planeta, la cia, no se puede permitir mapas nuevos de las
ciudades que hace bombardear, para no
engrosar con unos cientos de dólares su presupuesto anual de 29 mil millones. ¿Es
meramente retórico, mientras incontables
niños y ancianos pasan los días entre barro y mugre, dar esos datos para interpretar un
conflicto presentado como "guerra
humanitaria"?
La OTAN pretende que se haga espacio en las fronteras de Albania y Macedonia. Para los
miles que pasan el día mirando
hacia la frontera con la esperanza de que aparezca un familiar, alejarse más es un drama
en el drama. Cada día cinco mil
refugiados son transferidos, algunos en condiciones excelentes como los afortunados que
están hospedados en los chalés de la
exbase de Comiso, en Sicilia. Pero detrás de la motivación humanitaria, de las
difíciles condiciones de los campos y de la
indudable peligrosidad de la zona, se urde la preparación cada vez más rápida y
silenciosa de la intervención por tierra que, a
cambio, ha sido totalmente barrida del debate político y de los medios de comunicación.
La pretensión de un traslado rápido de los refugiados ha generado situaciones enojosas,
sobre todo porque la propia OTAN
poco y nada ha hecho para apoyarlo y se ha denominado a esta operación
"lumaca", caracol. Son, sin duda, cuestiones
pequeñas y fastidiosas para un verdadero militar como el general Wesley Clark,
convencido, como su predecesor en la guerra
de Corea Douglas Mac Arthur, de estar combatiendo con las manos atadas por los políticos.
Pero éstos -lamentablemente
para Clark- existen y durante esta semana, la séptima de esta guerra relámpago, han sido
noticia, tanto como los militares, con
tres hechos trascendentes: la llegada a Roma del kosovar Ibrahim Rugova el martes 5, los
acuerdos del G-8 el día siguiente,
todas las negociaciones no públicas a partir del bombardeo de la embajada de China en
Belgrado del sábado 8 en adelante.
El sorprendente arribo del dirigente moderado Rugova a Roma representaba, y en alguna
medida sigue representando, un
intento de viraje de la sola lógica militar del conflicto y la apertura de un espacio
político. Rugova, el "Gandhi de los Balcanes"
según se le ha llamado, es un intelectual con una personalidad no particularmente fuerte
e ignorado durante años por los países
occidentales. Fue el protagonista de la lucha no violenta de los albaneses de Kosovo desde
1990, cuando Milosevic suprimió
la autonomía de la región. La esterilidad de su línea de búsqueda de acuerdo y
confianza en Milosevic le hizo perder consenso
en favor de la lucha armada del uck, que, además del apoyo estadounidense, representó
para muchos seguidores de Rugova la
única salida posible del callejón.
La ruptura entre Rugova y Estados Unidos se consumó en Rambouillet este año, cuando,
Madeleine Albright, en su estrategia
de choque contra Yugoslavia, desautorizó a los moderados y privilegió al uck. La
historia que siguió es casi una novela:
Rugova quedó en Pristina, se encontró con Milosevic según numerosos testimonios
fotográficos, fue condenado a muerte por
el uck y aún hoy parece seguir representando la idea de Kosovo como una provincia dentro
de Yugoslavia.
La conferencia de la OTAN en Washington del 23 y 24 de abril, que ampliaba el mandato del
general Clark y preveía el
ataque por tierra, representa el inicio de una guerra subterránea, pero sin tregua, entre
quienes en la alianza atlántica procuran
una salida política y los que creen -como los predecesores de Albright, Kissinger y
Brezinsky- que la única salida es una
victoria militar.
Milosevic jugó su baza: ante cualquier posibilidad de división en el campo enemigo pasó
la carta Rugova a Italia y Alemania,
apostando probablemente a que el líder albanés demandara una suspensión de los
bombardeos. En los primeros días de su
estadía en Roma Rugova visitó museos, galerías de arte, jugueterías y fue recibido al
máximo nivel. Pero se le impidió tomar
contacto con la prensa. Maleable rehén de Milosevic primero, Rugova terminó siendo un
maleable rehén de la OTAN. Cuando
finalmente habló, su versión estaba sustancialmente alineada en la posición de la OTAN
y del UCK. Y es probable que el
asesinato de su brazo derecho, Fehmi Agani, en Pristina, se pueda considerar una odiosa
venganza de Milosevic.
En un retroceso al 6 de mayo, la carta Rugova pareció útil en la cumbre de los siete
países más industrializados más Rusia, en
Petersberg, cerca de Bonn. La cumbre fue un gran éxito político del mediador ruso Viktor
Chernomyrdin, un enorme alivio
para los primeros ministros Schröder y D'Alema (de Alemania e Italia respectivamente) y
un logro para el presidente francés
Jacques Chirac. El G-8 decidió la vuelta a la ONU, la conformación de una fuerza de paz
en Kosovo no monopolizada por la
OTAN, la integridad territorial yugoslava, además del retorno de los refugiados y la
desmilitarización del área, UCK incluido.
Se necesitaron apenas 48 horas para llegar al bombardeo de la embajada china en Belgrado.
Si en las bombas inteligentes
creen sólo Clinton y el británico Tony Blair, tampoco se puede creer que puedan ser tan
estúpidas de golpear, ¿sin querer?, en
el lugar más crítico de todo Belgrado. Probablemente será posible conocer la verdad
algún día, pero es una ofensa a la
inteligencia creer en las justificaciones formuladas por la OTAN de haber utilizado mapas,
proporcionados por la cia, de siete
años atrás. La misma justificación dada hace 15 meses cuando un F-15 de la OTAN que
chocó contra una aerosilla en
Cermis, en el norte de Italia, provocó la muerte de 20 turistas. Después de la
absolución reciente de los pilotos, que volaban a
menos de 80 metros del suelo contra los 600 oficialmente prescritos, muchos analistas
creen que el F-15 volaba fuera de todos
los controles, simulando la situación yugoslava en un territorio orográficamente muy
similar.
En la prensa internacional se han planteado decenas de interpretaciones posibles. Cierto
es que, por lo menos desde enero,
Estados Unidos está utilizando los Balcanes para amenazar indirectamente a China. El
inopinado enlace de relaciones
diplomáticas entre Macedonia y Taiwán contra el pago de mil millones de dólares ha sido
orquestado por la diplomacia
estadounidense, que utiliza uno de sus más firmes satélites balcánicos en función
antichina.
Voluntario o no, el bombardeo de la embajada china está entre los costos políticos que
el gobierno de Clinton debía estar
dispuesto a asumir. Un costo político que parece ser relativamente alto si, como parece,
está resultando en un acercamiento
entre Moscú y Beijing. Los que sí quedan sepultados por completo son los esfuerzos de
paz. Los acuerdos del G-8 pasan de
ser la base de una paz posible, a un intolerable éxito de quienes es evidente que no la
quieren.
China juega bien sus cartas pidiendo, junto a Rusia, una cosa sencilla pero inaceptable
para la lógica anglosajona: suspensión
inmediata de los bombardeos para permitir el retiro yugoslavo de Kosovo. Hoy por hoy
sería equivalente al famoso "perder la
cara" detrás del cual Lindon Johnson hizo tragar al mundo diez años más de guerra
en Vietnam. La ideología militarista de
Clark de que se negocia mejor bajo las bombas afirma que hasta el retiro serbio -por
ahora, apenas hipotético, aunque
Milosevic lance señales-, tendría que ser del mismo estilo del retiro iraquí en la
Guerra del Golfo, que se calcula costó la vida a
100 mil soldados inermes calcinados por las bombas de fósforo estadounidenses.
Se está así en otro callejón sin salida. Pero es un callejón sin salida funcional para
los que quieren una solución militar, y que
habían visto con muchos recelos la propuesta de acuerdo del G-8. Los países europeos,
paralizados y víctimas de procesos
decisorios que no controlan, confirman la crónica incapacidad de una política exterior
autónoma, válida sólo para la casa
propia. Una política exterior que tiene intereses distintos de los estadounidenses.
El fruto más novedoso es que, por primera vez en la historia, China tiene posibilidad de
intervenir activamente en el espacio
político europeo. Y parece tener intenciones de hacerlo, siempre en clave
antiestadounidense en el suelo del Viejo Continente,
así como, durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la ex Unión
Soviética se enfrentaban por interpósita persona en Angola o
Nicaragua. Mientras tanto, el gobierno de India declaró que, frente a la arrogancia de la
OTAN, ve fortalecida la necesidad de
no interrumpir su carrera atómica.